domingo, 6 de agosto de 2017

Revolcón

         La conocí un verano siendo un crío. Decían de ella que estaba gruesa. Poco me importó el aviso. Nunca me importaron las apariencias. La entré sin miramientos, a plena luz del día, me ahorré las presentaciones y me tiré de cabeza a por ella. En el primer contacto me trató con calma y me envalentoné, ahora comprendo su envite. No tardó en darme el primer revolcón a pesar de mi alerta y encadenó unos cuantos más hasta que se cansó de mi insignificancia. Cuando me rehíce de la humillación, me alejé de su alcance y me juré despreciarla. Me dije que no merecía la pena, que ya encontraría algo mejor.

El verano siguiente y todos los que le siguieron hasta hoy los pasé de pueblo en pueblo. Y aunque remonté sus ríos hasta dar con las pozas más profundas, jamás pude olvidar aquel revolcón en el mar.